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martes, 22 de julio de 2014

HIJO ANTES DE CONOCERTE, AÚN SIENDO UN ADOLESCENTE, ESCRIBÍ ESTA CARTA PARA TI. IMÁGENES LINDAS.


Hijo mío, hace poco abriendo el libro de mis recuerdos, encontré una carta que para ti escribí, antes de conocerte, antes de hacer realidad mi sueño de adolescente.
En aquel entonces te materialicé para escribirte estos deseos, y hoy que estás conmigo, no he dudado en volver a escribirte.
Cuando pensé en ti, sembré un árbol con la intención de que juntos nos cobijáramos bajo su sombra refrescante y platicáramos sobre tus triunfos y derrotas.
Cuídate del mañana, está lleno de promesas.
Aún cuando se afirme que el mañana no existe y que solo es fantasía, a pesar de todo, siempre habrá un mañana en tu vida y probablemente esté lleno de engaños, de mentiras, falsedades, intrigas, maldades, desengaños y traiciones.
Mientras tanto, disfruta de tu presente, de tu mundo de inocencia y candor.
Si el creador te permite crecer, entenderás la diferencia entre lo bueno y lo malo, entonces comprenderás los errores de mi vida.

Da gracias a Dios, porque cada día te permite arrancar una hoja al calendario de tu vida, esto fortalecerá tu espíritu y estarás en comunión con Él. Nunca acuses, ni señales al azar.
Practica exámenes de conciencia, así, tendrás menos posibilidades de castigar a inocentes o de liberar a los culpables.
Cuando alguien deposité en ti una semilla, abrígala, aliméntala, dale calor.
De esa forma, quien en tu ser la haya depositado, estará seguro de cosechar lo que sembró.
Además pequeño mío, no defraudes a los tuyos para que no te sientas defraudado.
Recuerda que la gratitud, el respeto, el cariño, la nobleza, la sencillez y la humildad, son los valores más sagrados que todo hombre debe conservar.
Escucha la voz de la experiencia, muchos tendrán algo que contarte, esto te permitirá analizar los errores y tendrás más posibilidades de triunfar.

Hoy no eres más que un débil pajarillo. Cuidaremos de tus alas, para que cuando surques el horizonte de la vida, ninguna tempestad borracha de aire juegue contigo.
Algún día recorrerás el mundo y estarás preparado para enfrentarlo, con valentía y decisión.

Así pequeño mío, cuando contemples en el cielo a los pajarillos, cuando siempre los veas volar, recuerda que cuando eran unos indefensos polluelitos, sus padres los enseñaron a volar…

Cariñosamente, tu padre, tu amigo, tu... todo.

viernes, 8 de abril de 2011

EL HONOR DE SER PADRES.CARTAS Y PENSAMIENTOS


Hijos míos...
Posiblemente me mirarás con extrañeza al entregarte esta hoja de papel, y al instante no le darás mayor importancia porque se hace tarde y en televisión están dando tu programa favorito. Dejarás la hoja sobre tu mesa en el cuarto y allí se quedará hasta que recuerdes que algo te di, que era un pedazo de papel y que seguramente tendrá algunas palabras, te dirás: esas cosas de mi mamá y justo allí lo revisarás para encontrarte con que yo te estoy relatando todo cuanto hiciste antes de llegar a esta línea.

Ojalá yo pudiera sentarme contigo y hablar de estas cosas, pero nunca hay tiempo para ello. Así que la única forma es que te escriba, te diga eso que necesito que sepas pero hablándote con amor, porque no hay intención en mí de regaños ni mucho menos. ¿Sabes algo? Te extraño. Sí, te extraño porque hoy en día ya las cosas no son como antes. El tiempo nos cambia, el entorno nos cambia y para mí eso mismo ha pasado contigo: has cambiado.

Ya no eres el muchacho de hace seis, ocho o diez años atrás y he intentado comprenderlo, entender que es tu forma de ser ahora y esperar que eso sea lo mejor para ti. Te parecerá raro que te diga que te extraño porque siempre nos vemos, pero hijo mío, estar es mucho más que pedir lavar o planchar una camisa, o buscarme cuando te duele la cabeza o el estómago para que yo te diga lo que debes tomar.
Tampoco se trata de un reproche lo que acabo de decir, lo digo con cariño y me encanta ayudarte cuando me necesitas, yo te amo con todo mi ser porque eres mi hijo, pero a veces siento que se te olvida que soy tu madre y que también necesito de tu compañía, de tu comprensión, de tu apoyo para estar bien.
Me costó comprender que un día dejé de ser prioridad en tu vida, que te molestaba que te llamara cuando se hacía tarde porque tú estabas con tus amigos y llegarías a casa cuando quisieras, y no cuando yo te lo pidiera, me costó entender que ahora las palabras de tu novia tienen más peso que las mías, no me cabía en la cabeza que ahora llamar a la novia era indispensable pero llamar a tu madre era opcional, y que ahora te hacía más daño una discusión con tu novia pero en nada te afectaba el no hablar conmigo.

Fue muy duro para mí verte cambiar de actitud, darme cuenta que quedar bien con los demás era más importante que quedar bien con tu familia, porque sabías que sin importar nada siempre contarías con nuestro apoyo.
Hubiera deseado que las cosas no cambiaran, sufrí mucho al ver que sí pasó pero al fin he soltado mi sufrimiento, he soltado las cadenas que me ataban a esperar un comportamiento más acorde a lo que yo esperaba de ti.


Hijo mío, el mayor milagro de la vida es el Amor y el Amor es un Manantial que nunca se seca, por ello no se necesita quitar para dar porque cuanto más amor se da, más Amor se tendrá para compartir. Mi pensamiento es que no necesitas cambiar de prioridad a las personas, no se trata de que si tienes novia la amaras más que a tu madre o porque ames a tu madre no amarás tanto a tu novia. Tu corazón es suficientemente grande para amar a ambas en equilibrio.
Tus amigos son importantes, pero también tu familia lo es. Si puedes hacer tantos sacrificios por tus amigos, también puedes apoyar a tu familia como tu familia lo ha hecho contigo, incluso más que los amigos que tanto defiendes. Me siento muy contenta de que ames y te amen, que ayudes a otras personas, me encanta ver todo eso que has conseguido y estoy muy orgullosa de ti. Yo te adoro.

Ojalá no hayas olvidado lo mucho que yo te amo, y si en algún momento lo hiciste pues ahora mismo te lo recuerdo.
Tu felicidad siempre será la mía. Cuando me necesites ya sabes dónde encontrarme, aquí estaré esperando y siempre disponible.



Yo soñaba contigo,
con tu cumpleaños y caminar
y un día dejé de sentirte conmigo
porque tu rumbo cambió en el andar.
Hoy tan sólo sueño que seas feliz,
y que sepas que aquí estaré,
que sepas que aquí estará
el amor de tu mamá…

10/12/2009 07:43 p.m. – 07:56 p.m.
002. Querido hijo. Colección Albor.
Colaboración de Waldylei Yépez
Venezuela



A mis hijos
Debía existir una profesión, la más exigente del mundo. Me gradúe de padre y madre sin haber estudiado. No pase ningún examen ni tuve trabajos, ¿cómo ser padres hoy?
Es un honor que el todopoderoso haya confiado en todos nosotros esta labor tan ardua, de entrega total, de 
amor incondicional, ser padre ser madre es una lágrima la que resbala por tu mejilla de luz.
Si son los padres y madres de hoy en día que no aprecian esta mención que no ven las esperanzas que han roto por ser torpes e incautos con sus hijos por eso mi lágrima ha caído sobre la capa de ozono. Es un milagro, es una máquina perfecta el cuerpo humano y nosotros seres de tan poca fe y tan poca cultura espiritual creamos con la voluntad de Dios seres tan perfectos y majestuosos son hermosos nuestros hijos son un regalo de Dios.


Ellos sin darse cuenta nos brindan amor y tranquilidad con sus besos y abrazos
con sus ojitos llenos de dudas, son la esperanza del futuro ellos con sus cambios hormonales y cambios de humor son nuestra compañía diaria, nuestra tarea y nuestra paciencia. Ellos son vida de nuestras vidas, sangre de nuestros glóbulos y son genes de nuestros defectos y virtudes son mi corazón y mi vida.

viernes, 7 de enero de 2011

CARTA DE UN PADRE. PENSAMIENTO PARA REFLEXIONAR...



Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me encontraba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar; te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso, te levanté de los cabellos y te empujé violentamente para que fueses a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del coche llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo sólo te advertí que no hicieras travesuras.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puesto unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte, te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indiqué que caminaras erguido. Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque tú no parabas de jugar. Dije que no soportaba más ese escándalo y subí a mi estudio.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia. pero no pude. ¿Cómo podía un padre, después de hacer su teatro de indignación, mostrarse tan sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta.
"Adelante" - dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.

Me volví con seriedad hacia ti. "Ya te vas a dormir? Vienes a despedirte?".
No contestaste. Caminaste lentamente, con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.
Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suave en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba.

"Hasta mañana, papito" - me dijiste. Me quedé helado en mi silla
¿Qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueses igual a mí y ciertamente no eras igual.

Tú tenías una calidad humana de la que yo carecía; eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabías demostrar amor... ¿Porqué me costaba a mí tanto trabajo? ¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba ocurriendo?
Yo también fui niño. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme? Después de un rato entré a tu habitación y encendí la luz con sigilo. Dormías profundamente.
Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé... Me incliné para rozar con mis labios tus mejillas, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener la congoja y cerré los ojos.
Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Es tan difícil aprende a dominarse, a comprender la pureza de nuestros hijos. Somos los adultos quienes los hacemos temerosos, rencorosos, violentos... Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.
Si Dios me da otra oportunidad y te permite vivir, algún día, cuando leas esta carta, sabrás que a veces nuestros padres no son perfectos.
Pero sobre todo, ojalá que siempre te des cuenta que, pese a todos sus errores, ellos te aman más que a su propia vida.
Mateo 18:2-6
"Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo:
Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.


Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí.
Exodo 20:12
"Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.